jueves, 18 de junio de 2015

Las reformas de los hermanos Graco

La actividad política de los hermanos Tiberio y Cayo Sempronio Graco, en el último tercio del siglo II a.C., pretendía la realización de una serie de reformas que abordaran seriamente los desequilibrios sociales -recesión económica, ruina del pequeño y mediado campesinado, alza de los precios, crisis del ejército, revueltas serviles, alto desempleo...-, generados no tanto por la política expansionista de Roma en general, que a partir del 156 a.C. tuvo que enfrentarse a varios frentes militares simultáneos, como por la ruinosa guerra de Hispania en particular, que había exigido más inversión de hombres y dinero que ninguna campaña anterior y de la que no se había obtenido aún el más mínimo beneficio. Asimismo, las reformas buscaban dar un mayor peso político a la plebe, tanto urbana como rústica, limitar los abusos de la aristocracia y, sobre todo, adecuar al fin el sistema de gobierno de Roma a las necesidades de un Estado imperial. Dichas reformas, propuestas por los hermanos desde el tribunado de la plebe, aunque en diferentes momentos, exigían: 

1-Nuevos repartos de las tierras para los ciudadanos más pobres 
2-La fundación de colonias donde asentar a los futuros nuevos propietarios 
3-Distribución de grano a cargo del Estado y a un precio inferior al del mercado libre
4-La extensión del derecho de ciudadanía para el resto de los latinos, y a los demás itálicos el derecho de voto en Roma. 

Para lograr tierras suficientes con las que realizar la reforma agraria en Italia, se pretendió regular la ocupación de los territorios conquistados en la península (el ager publicus), mediante una limitación del número de hectáreas por familia, de forma que se creara un excedente suficiente que repartir en lotes de tierra, inalienables y de igual extensión, entre los ciudadanos menos favorecidos. Con esto, se aliviaría el empobrecimiento general, disminuiría la tasa de desempleo, y se solucionaría la crisis del ejército en parte, pues al aumentar los pequeños propietarios, aumentaban los posibles reclutas1.

Aunque la medida no afectaba a la propiedad privada, que era inalienable, si dañaba los intereses de la oligarquía, que con el tiempo se las había arreglado para hacerse ilegalmente con la mayoría del ager publicus, que en teoría era propiedad del Estado. La reforma además perjudicaba a los itálicos, cuyos estratos municipales más ricos habían participado en la ocupación de la tierra pública y cuyos proletarios, al no ser ciudadanos, ni siquiera podían beneficiarse de las asignaciones previstas por la ley. Para aliviar el creciente descontento, evitar que éste se volviera en su contra2 e, incluso, llegar a reconducirlo en su favor3 los Graco pidieron el derecho de ciudadanía al resto de latinos y el de voto a los demás itálicos. Aunque la medida satisfizo a los aliados, en caso de aprobarse, perjudicaba, al igual que la reforma agraria, los intereses de la aristocracia, pues supondría un aumento del número de votantes, cuyas asambleas, al estar alejadas de Roma, escaparían de todos los medios coercitivos y de control de la oligarquía.

Por todo ello, pronto se formó un grupo numeroso e importante contrario a las medidas de los Graco, perteneciente al orden senatorial y parte del ecuestre, que intentó impedir por todos los medios que muchos proyectos de ley de los hermanos fueran aprobados. Para lograrlo, utilizaron en primer lugar a personas tales como Octavio, tribuno de la plebe junto con Tiberio, que interpuso constantemente su derecho a veto a la reforma agraria de éste. En segundo lugar, manipularon a las masas, con lo que consiguieron que el proyecto de ley para entregar la ciudadanía al resto de latinos y el voto a los itálicos fuera rechazado, ya que se hizo ver a la plebe que si los itálicos accedían a la ciudadanía, los beneficios que hasta aquel momento habían disfrutado en exclusiva deberían ser compartidos entre más individuos. En último lugar, se recurrió incluso a la violencia, que desembocó en el asesinato de los Graco y sus partidarios.

Los Graco, por su parte, contaban con el apoyo de la inmensa mayoría de la plebe rústica, la mayor beneficiaria de la reforma agraria; y de parte de la urbana, gracias a las nuevas condiciones para la distribución del trigo. Aunque el peso político de ambas era muy inferior al que tenía el Senado, los Graco lograron la aprobación de algunas de sus medidas acudiendo a ellas a través de las asambleas populares de Roma, como, por ejemplo, la entrada en vigor de la reforma agraria pese al veto que el tribuno Octavio interpuso, gracias a que la asamblea popular votó que éste depusiera su cargo. Así mismo, los Graco contaban también con el apoyo de la otra parte del orden ecuestre -ya que habían entregado a este estamento parte del control de los tribunales- y con el respaldo de los aliados por su intento de concederles la ciudadanía. Por último, no todo el estamento senatorial les era contrario, si no que una parte de él apoyaba sus reformas, e incluso ayudaba en la consecución de las mismas, como, por ejemplo, Apio Claudio, miembro de la comisión encargada de poner en funcionamiento la reforma agraria, Fulvio Flaco, el primero en proponer la concesión de la ciudadanía a los latinos y el derecho de voto a los demás itálicos, o Papirio Carbón, otro miembro de la comisión agraria.

De hecho sus partidarios debieron ser muy numerosos, pues nada menos que tres mil de ellos fueron ejecutados tras el asesinato de Cayo4; sin embargo, en conjunto poseían menor importancia y menor influencia política que sus adversarios; en primer lugar, las asambleas populares poseían muchísimo menor poder que Senado, y la plebe podía ser fácilmente manipulada por la aristocracia mediante la demagogia y el sistema de la clientela, que establecía fuertes lazos de dependencia entre la plebe y la oligarquía; en segundo lugar, los aliados itálicos, al carecer de derecho al voto, no poseían el más mínimo poder político; y por último, el orden ecuestre, aunque con enorme importancia económica, no poseía ningún poder político, pues sólo el orden senatorial podía acceder a las magistraturas. Por todo eso, el partido de los hermanos Graco no logró que gran parte de sus medidas fueran nunca aprobadas, ni siquiera que las que si fueron admitidas se realizaron de forma completa, debido a las trabas que logró imponer el Senado. Por último, fueron abolidas tras el asesinato de Cayo.

Sin embargo, pese a que finalmente ni Tiberio ni Cayo lograron nada, nada volvería a ser lo mismo después de ellos. Los problemas que, cómo ya hemos visto, generó la aprobación de la reforma, los que no logró resolver, los que provocó el no aplicarla5, y las guerras exteriores, generaron diferentes conflictos político-sociales que afectaron a la cohesión interna de la aristocracia, que se dividió en dos partidos, o factiones, optimates y populares, cuyo origen podemos vislumbrar en la oposición o el apoyo a las reformas de los hermanos Tiberio y Cayo Sempronio Graco.

La formación de factiones no era una práctica nueva, pues, por ejemplo, el propio Tiberio Graco era miembro de una factio, la liderada por Apio Claudio, opuesta a otra factio, la de Escipión Emiliano. La diferencia radicaba en que, anteriormente, las discusiones internas entre las distintas factiones en que se dividía el orden senatorial, que podían amenazar el exclusivo control nobiliario del gobierno y la cohesión del estamento aristocrático, se habían resuelto siempre dentro de este orden senatorial, mediante discusiones privadas, sin ninguna trascendencia fuera del grupo, que resolvían cualquier diferencia, para que el Senado pudiera pronunciar su decisión oficial y pública como colectivo. Sin embargo, ahora, estas diferencias entre los diversos grupos en que se dividía el orden senatorial había llegado a un punto nunca alcanzado antes y habían trascendido por primera vez fuera del seno de la aristocracia, descubriendo sus debilidades internas, porque estos grupos, o factiones, buscaron el logro de sus metas políticas fuera del estamento aristocrático, recurriendo a la ayuda de la plebe a través de las asambleas populares, del orden ecuestre, y tras Cayo Mario, del ejército.

La entrega por parte de los Graco del control parcial de los tribunales al orden ecuestre supuso para el orden senatorial la pérdida de uno de sus antiguos privilegios, cuyo mantenimiento era, junto con la cohesión, uno de los pilares en que se basaba la fuerza del grupo. La pérdida de ambos debilitó al estamento, e inevitablemente, el exclusivo control nobiliario del gobierno empezó a desaparecer.
El mayor beneficiario de esa pérdida de autoridad fue, sin lugar a dudas, el orden ecuestre, un grupo politizado por la acción de los Graco de entregarles parte del control de los tribunales. Atento, sobre todo, a sus intereses económicos, invertirían en ellos su nueva fuerza política, en unos casos contra el orden senatorial, y, en otros, a su favor, por que compartían con él un buen numero de intereses.

Por último, la reforma de los hermanos Graco supuso también el despertar de las masas como factor político. Pero los diferentes problemas y aspiraciones de la plebe rústica y de la plebe urbana, y sus fuertes lazos de dependencia-debido al sistema de la clientela-con los miembros de la oligarquía, lo que permitía su manipulación, imposibilitaron la formación de un frente unitario y complicaron aún más la escena política en Roma.

1 El Estado romano exigía una determinada renta anual a sus ciudadanos para poder entrar a formar parte del ejército, ya que eran los propios soldados los que se pagaban su equipamiento.
2 Pues el resto de latinos, aunque no poseían la ciudadanía al igual que el resto de itálicos, si poseían el denominado ius latini, el derecho latino, que otorgaba el derecho a voto en la ciudad de Roma.
3 Porque es lógico pensar que los itálicos, en el caso de lograr la ciudadanía o el voto gracias a los Graco, se sentirían más inclinados a alinearse a su favor que en su contra, lo que aumentaría enormemente su potencial de voto.
4 Cf. Plutarco, Vida de Cayo Graco, XVII.

5 La ciudad latina de Fregellae, por ejemplo, decidió sublevarse al conocer el fracaso del primer proyecto para conceder la ciudadanía a los itálicos, propuesto por Fulvio Flaco, partidario de los Graco y cónsul en el año 125 a.C. La reacción del Senado no se hizo esperar: la ciudad de Flegellae fue completamente destruida.

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*Fotografía 1: "Los Gracos", de Eugene Guillaume
*Fotografía 2: "Graco dirigiéndose a la asamblea de la plebe", Silvestre David Mirys
*Fotografía 3: Senadores y magistrados en el Friso del Ara Pacis
*Fotografía 4: "El asesinato de Cayo Graco", por François Topino-Lebrun

1 comentario:

  1. ¡Guau! Acabo de descubrir este blog, y me ha enganchado desde un principio. Es encomiable la labor que has efectuado, Laura (no nos conocemos, pero permiteme que me tome la libertad y te tuteé), para hilvanar los acontecimientos de manera cronologica, dandole aportando consistencia y sentido a la cadena de acontecimientos que desde los Graco, acabarían dandole la puntilla a la República.
    Lo dicho: Un trabajo magnifico, una lectura muy amena (para el que le guste el tema, eso si), y sobre todo: coherente. Me quito el sombrero.

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