viernes, 31 de agosto de 2012

Celia Concordia

Adorada, querida, poderosa Vesta. Muchos días he consumido intentado comprenderte, mi diosa, mientras contemplaba sola, en la oscuridad, tu fuego sagrado, el crepitar estruendoso de tus llamas en el interior del templo de mármol, el baile casi lascivo de las pavesas y las chispas en el contorsionado humo de la hoguera. Con cada tronco que añadía, con cada nueva llama que prendía, con cada ritual que realizaba o cada rezo que pronunciaba, mi señora, he procurado con todas mis fuerzas desentrañar los misterios que encierras, y solo ahora, transcurridos treinta años de los que no me arrepiento ni un solo instante, cuando mi vientre es ya incapaz de albergar y crear la vida, he podido al fin alcanzarte.
Nacida sin ser querida, apenas pudiste gozar del calor de los brazos maternos. Saturno te devoró como al resto de sus hijos sin darte si quiera tiempo de pronunciar tu primera risa; apenas tuviste tiempo de escuchar el intensísimo, desolador, desgarrador llanto de tu madre Rea antes de sumergirte en las acuosas cavernas del interior de tu padre. Y así, antes de poder comprender conociste la crueldad de los hombres. Quizás fuera por eso, o también por las penurias de tu hermana Juno ante la infidelidad de su marido, por lo que pediste y obtuviste del todopoderoso Júpiter la virginidad eterna. Pero tu propio deseo amargó tus muchas horas, ¿no es cierto? Incluso las divinidades que habitan en los altos cielos necesitan ser amadas. Porque elegiste al pueblo de Roma como tu descendencia, lo desconozco; a duras penas puede un mortal comprender los designios de los dioses. Sin embargo, no hay dudas de que fue tu mano la que guió al valiente Eneas para, en medio de la desgracia de Troya, tomar entre sus manos el fuego sagrado de Hestia-así te llaman en esos confines de la tierra-y traerlo a Italia entre innumerables aventuras y un mar de continuo embravecido. El mismo fuego que habría de prenderse en tu primer templo, en Alba Longa, y luego aquí, en Roma, donde ha ardido durante mil años protegiendo a esta ciudad destinada a la gloria.
Más, ¿qué será de ella ahora? Los tiempos han cambiado. Nuestro tiempo, tu tiempo, se consume rápido. Desde Oriente llegó hace tiempo una creencia extraña en un único dios; ¡qué absurdo! El mundo es demasiado amplio para ser gobernado por una sola mano, la creación es demasiado perfecta para ser fruto de una sola mente. Y sin embargo el mal se ha extendido entre la gente y incluso ha contagiado a la familia imperial; el pueblo de Roma abandona sus costumbres, que se hunden hasta desaparecer en el tiempo como las raíces de un árbol en la tierra húmeda, y da la espalda a los dioses que la hicieron única. Divina Vesta, perdóname. Bien sabes que intenté impedirlo: cuando llegó a mis manos el edicto del emperador Teodosio declarando aquella insensatez, el cristianismo, única religión del Estado, dando orden de cerrar todos los templos de lo que ahora llaman paganismo, me negué en redondo. Sabes cómo me encerré en tu templo, como padecí hambre y sed vigilando y avivando tu fuego, como padecí los insultos del populacho que debía haber adorado tu mano benéfica y protectora, los fuerzas que consumí elevando plegarias para que me ayudaras a proteger tu legado...¿por qué no me escuchaste entonces? Los hombres, cuya entrada siempre estuvo prohibida, profanaron tu virginal templo; yo, Celia Concordia, tu última sacerdotisa, fuí sacada a rastras del más sagrado de los santuarios y maltratada por una muchedumbre enfurecida; y tuve que contemplar, con la boca crispada de horror y los ojos arrasados en lágrimas, como apagaban con agua de las cloacas tu fuego, que nos había guiado mil años.
Se rieron de mí. El propio emperador, que poco después entraría triunfante en la Urbe, me trató como si fuera una loca. No comprendían; nadie parecía capaz de hacerlo. Tus llamas han protegido Roma desde sus comienzos; ahora que no existen, ¿qué será de nosotros? ¿Volverá el Imperio a dividirse? ¿Caeremos ante el empuje de los bárbaros del Norte? ¿Roma, la ciudad creada para el dominio del mundo, quedará solo en la memoria de nuestros descendientes como un recuerdo glorioso que nadie evoca, que nadie llora? Sé lo que quieren hacer conmigo, mi diosa. Mi bautismo sería un poderoso símbolo de los nuevos tiempos. Me niego. Permaneceré fiel a la esencia de nosotros mismos hasta mi último aliento, aunque solo yo siga ese camino. Alguien debe de hacerlo. Si perece conmigo la antigua, la verdadera, la única Roma, lloraré más por ella que por mí cuando me llegué mi hora. Seguro que en el futuro alguien se acordará de nosotras.


NOTA: El Templo de Vesta en el Foro de Roma, como el resto de templos paganos que aún permanecían abiertos, fue clausurado definitivamente en el año 391 d.C. por orden del emperador Teodosio, once años después de declarar el cristianismo niceno como única religión del Estado romano.

*Fotografía 1: Relieve del siglo II que muestra el aspecto que debió tener el Templo de Vesta en el Foro. Gracias ArteHistoria por la imagen
*Fotografía 2: Ruinas en la actualidad del Templo de Vesta. Fotografía propia.

7 comentarios:

  1. Genial!
    Aunque sólo pondría un "pero"...cuando escribes "...traer el fuego a Italia"....en aquella época en la que tiene lugar tu relato, no existía Italia, si no me equivovo era Latium (Lazio) como llamaban a ese territorio ;-)
    Tus historias m'encantan!

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    1. Si, era Latium. Quizás debería haber escrito Lazio, como tu dices, o la península itálica. En fin, un fallo lo tiene cualquiera. Estaré más atentea la próxima vez. Gracias por avisarme.

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    2. No es erróneo decir Italia, es la expresión que ya usara Virgilio para referirse a la travesía de Eneas; vio el primero Italia y las costas lavinias, si mal no recuerdo. Si Celia escribe en esa época podría, incluso, preferir el arcaísmo Ausonia.
      Por otro lado decir que una representate de la Res Divina, como podemos llamar a la religión romana, difíclmente hubiera hablado de creación, ya que para ellos el mundo era eterno y los dioses meros ordenadores del Caos.
      Según mis datos, Celia Concordia fue bautizada (ignoro si con su consentimiento) y vivió doce años más... fue la primera vestal que dedicó una estatua a un hombre, al bueno de Vetio Agorio Pretextato (cosa que desagradó a Símaco) y a su vez la esposa de Agorio erigió una estatua de ella que, lamentablemente, fue recuperada en el Renacimiento y perdida poco después... Me fascinan las figuras crepusculares y tu relato recoge muy bien esa época de cambio. Gracias.

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    3. Cierto, el término "creación" no es del todo correcto, sino que se ha tratado de una licencia mía, pues puede que, como demuestran los discursos de Juliano el Apóstata, el paganismo bajoimperial estuviera ya fuertemente influido por el cristianismo en auge
      Por otro lado, si, según algunas fuentes Celia Concordia fue bautizada, pero basándome en las inscripciones epigráficas de las estatuas que mencionas -estas se han perdido, pero la dedicación se conserva en CIL VI 2145-, considero que o tal bautismo no se produjo o se produjo a la fuerza, ya que Celia aparece mencionada como "Coeliae Concordiae Virgini Vestali Maximae" y se la dedica como bien dices una mujer que destacó, junto a su marido, por la defensa del paganismo. En esta opinión, personal y no demostrable, ha influido también el hecho de que, aunque Teodosio clausuró el templo de Vesta en 391, Celia no renunció oficialmente a su cargo hasta tres o cuatro años después, lo que a mi entender muestra cierta resistencia a abandonar el antiguo culto
      Me alegro de que te haya gustado mi relato. La verdad es que ha tenido mejor acogida de lo que esperaba. Espero verte por aquí en más ocasiones. Siempre es bienvenida una crítica constructiva. Un fuerte abrazo

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  2. No ha sido un fallo, ha sido un lapsus!

    :-P

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  3. Parece una burla del destino que se llamara "Concordia" quien había de ser símbolo de la intolerancia de la nueva religión. Los temores de Celia Concordia estaban justificados, pues no tardó mucho en hundirse el poder de Roma. Volver la espalda a los viejos dioses fue casi el final. Estupendo lamento el de esta mujer consciente de presenciar el final de un mundo. Un abrazo, laura.

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